aun más historias para no dormir

turbación atómica

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en una de esas indescriptibles clases de biología, química o física del colegio me explicaron que el cuerpo era un enorme combo (clat) de células y/o átomos (¿son lo mismo? lo ignoro). yo lo visualizaba como ese grupo de pájaros que vuelan en grupo sin desviarse un instante, todos juntos forman algo. los átomos (o células) viajan igual creando lo que todos tenemos enfrente, pero solo que van en grupos de millones de trillones de billones y están muy apretaditos para que nadie vea sus grietas. de hecho creo recordar que cierto profesor nos aseguraba que podríamos atravesar las paredes si nuestros átomos y los de la pared giraran a la vez sin tocarse. pero ese no es el tema que me ocupa. si me miro al espejo me veo como esa gigantesca combinación de átomos cada uno en su sitio. pero hay quien sabe revolver e invertir ese orden. hay quien sin pedirme permiso destroza esa simetría atómica mía y se lleva algunas de mis células (o átomos) dejando al resto sin saber qué hacer. mirando el hueco que falta, desestructurados, incompletos. lo peor ocurre cuando ese vacío es ocupado por otros corpúsculos ajenos de igual tamaño, hay quien deja un rastro en forma de piel, de olor, de color. se te quedan dentro de ti de forma inevitable, ¿cómo no sentirse invadida? ¿cómo no creer oler a alguien si lo llevas incrustado? ¿cómo no notar que te falta algo si un bandido se lo ha llevado? mi magnífica simetría atómica y yo pedimos (a quien nos oiga) que antes de desembarcar de esa manera en nuestra estructura se tenga en cuenta nuestra opinión. llevar ese tipo de información celular encima (como quien lleva un virus) aniquila desde dentro, desprenderse de unos pocos seres míos (seres, átomos, células, qué coño importa) y dejarlos al albedrío ajeno turba de igual manera.

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