aun más historias para no dormir

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Como si de todo lo dicho y explicado, hubiera entendido a la perfección esa teoría mía extraña. Pero a la perfección de forma literal. Si creyera en las casualidades siderales, pensaría que el cosmos puso esas letras cerca para que las leyera y luego, al oír mis historias, todo tomara ese sentido. Ella es la definición femenina exacta de lo que muchas veces he intentado traducir en palabras. No podría haber tenido mejor figura y su identificación wagneriana me hace sonreír por lo bien que le viene a mi teoría, por su intensidad, su fuerza arrolladora y su belleza que dura siglos. Escojo lo que quiero de lo que tengo delante y me quedo con los colores de los atardeceres que se adivinan entre frase y frase, el olor embriagador de una de sus partes, la suavidad de su piel, su cortejo largo y su pasión desmedida. Me olvido de la familia castradora, el pueblo curioso y malmetiente, las decisiones erróneas y el final fatal. Me he anticipado porque aún no lo he terminado, pero creo que un movimiento así no tiene marcha atrás. Ese desenlace unido con mi teoría de las estirpes no me ha gustado, así que voy a intentar olvidarlo. Pero recordaré la idoneidad casual que puso en mi camino a ciertos personajes que inspiraron esa teoría mía y sobre todo, que alguien escribió esa historia y la puso en sus manos.

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