aun más historias para no dormir

paganini

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ese violín que camina solo me hipnotiza. cambiando de canal casi por inercia, mi cabeza estaba ya yendo a mi cuarto cuando he parado en La2. mi retina ha reconocido un momento que me gusta; la entrada de un director de orquesta a la sala de conciertos, la orquesta se pone en pie, él le estrecha la mano al primer violín, un chico de negro riguroso con una melena larga y rizada que ha preferido no llevar camisa ni corbata, pero sí una americana. el rótulo anuncia a paganini, concierto número 1 para orquesta opus no se qué. tras una diminuta introducción, el primer violín comienza su baile. de pie, sonriente, mirando al frente, a su director, esquiva a la cámara con una danza gigantesca, ritual y poderosa que me hace abrir la boca. mi sueño se diluye conforme corren los segundos y deseo que el concierto dure días. la orquesta permanece casi en silencio y es este hombre quien lleva el peso de la obra bajo la mirada del director, que no le dedica ni un solo movimiento, se dirige solo, parece llevar la partitura en su adn. dos o tres cámaras (el éxtasis no me deja contarlas) registran cada parpadeo, me acercan a la locura de sus dedos, a sus erráticos movimientos, al descontrol sosegado de su pelo, a la confianza, paz y disfrute pleno que transmite su expresión. me parece un mago, el hombre perfecto mientras espera al comienzo del adagio su momento, de pie entre todos, la comisura de sus labios habla de amores interminables. dios, ¡te estás divirtiendo tanto! sudas durante el adagio, ríes (el incluso coqueteas) con el 'rondo spirituoso' (rótulos gratia) que le sigue. jugueteas, te encantas e imprimes de una extraña felicidad a paganini, me has convencido para que busque este concierto y te recuerde, porque es esa la emoción que mataría por imprimir a cada uno de mis impulsos programados.

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