aun más historias para no dormir

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dabas un concierto en el mejor auditorio de la ciudad. él estaba tan enamorado de ti y era tan rico que compró todas las entradas para disfrutarte en soledad. contrató un ejército civil para adquirir todas las localidades sin levantar sospechas. el día de la actuación, media hora antes de que salieras, utilizó sus influencias para hablar con el director del auditorio y le pidió que no suspendieran el concierto cuando vieran que habría una sola silla ocupada. saliste al escenario (majestuosa, rotunda y brillante) y le dedicaste una sola mirada llena de sorpresa, pero focalizaste tu atención en el piano. ejecutaste durante hora y media la pieza acordada de forma magistral. solo él, en tercera fila, te miraba con ojos ardientes. escuchaste su aplauso y actuaste como si la sala estuviera llena; tras la reverencia te marchaste llena de ira, de una rabia que se había gestado poco a poco al sentirte como una prostituta, como algo comprado para darle placer. él, extasiado, sabiendo que no querrías encontrarle al salir del auditorio, huyó a casa. se tapó con el edredón para sollozar durante horas, emborrachándose con tu nítida imagen, sintiéndose el hombre más desdichado del mundo por no poder tocarte y el más afortunado por percibirte, saber de tu existencia y poder soñarte/verte.

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