aun más historias para no dormir

dime cómo

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dime cómo es, dime cómo. piénsalo. instantes como ese no sueles tener muchos. gente a la que besar sí, pero a veces es más mecánico, más rápido. esos tres segundos según con quién se te olvidan o los reproduces cien veces a cámara lenta. como no los recuerdo, no los recordaré ahora. me quedo con los otros, los que te estimulan tanto. dime cómo son. el porqué no puedo explicarlo, yo tampoco sé qué los hace diferentes, pero la sensación es palpable como el asfalto. tienen en común que hubieras querido que se dieran muchísimo antes, que mientras el otro hablaba has fantaseado con la idea de que te besara, pero que has esperado a que llegara el momento exacto. no sabes si por hacerte la señorita, porque te daba miedo el rechazo o porque estás harta de que te salga todo mal, has esperado a estar a dos centímetros de su boca para cambiar de rumbo. bendita sincronía la vuestra. puede ser que hayas estado enviando las señales correctas y que las haya leído como toca, porque habéis tardado lo mismo en alinear vuestras caras. hay algo de animal en eso, es instintivo, antiguo y genial. dime cómo. ese primer toque entre los labios es tan excitante que te evade, te tapona los oídos, te eriza y pone toda tu sangre en movimiento ascendente. era así como tenía que ser. de veinticinco pasamos a mil frames por segundo. parece que su mano pasee por tu cintura desde ayer por la tarde, que tus dedos calibren la suavidad de su cuello desde hace siete horas. crees que tiene mil focos de calor, que sus manos son cortantes, que su cuerpo pesa más de lo que creías porque le notas por cada centímetro de la piel con una presencia debastadora. eres y vuelves a ser, como la primera vez, solo por donde él se pasea. todo eso mientras buscas la manera de entenderte, de comprender qué idioma habla en silencio y de hacer que averigüe tu lenguaje. la mejor búsqueda del mundo.

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